
Sucedió durante una madrugada de martes, previo a la estación del año en que los días comienzan a extenderse. Las casas bajas, los techos de chapa de un viejo galpón, las baldosas flojas y los brotes de algún árbol todavía marchito, dejaron tundirse por el diluvio universal que azotaba la ciudad. A la mañana siguiente cantó el zorzal. El sol hizo lo propio; no quedaba ni un vestigio de agua. Ecuánime ante la desgracia, desperté advirtiendo que la lluvia, distante de destruír, traía consigo un aire de cambio que volvió a ilustrar en mí la esperanza ayer perdida entre sueños rotos y largas noches y eterna agonía. En la fotografía de hoy, María Paula Filippelli retrata en óleo sobre tela, una flor con forma de mujer.
viernes, 7 de marzo de 2008
Renacer
De http://gritardolor.blogspot.com/
Etiquetas:
cuentos borgeanos,
literatura,
rock
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